24/5/12

Cuento de amor y de tragedia


foto:internet

Marcelo Del Castillo

Cuando Arcadio comprobó con profundo dolor que ya no tendría más los abrazos  y los besos de su amada, que lo acababa de dejar por otro, enloqueció.
No volvió a comer. No volvió  al trabajo. Era un calibrador de rutas de buses; así se llamaba al operario que anotaba  los tiempos y los itinerarios y las placas de los vehículos, y de eso sobrevivía.
Volvió con ansiedad a oler pegante y veía los recuerdos vivos de su amor a Malena. Y se reía. Reía, porque en su mente Malena lo veía entonces con miradas de amor, o de pronto él pensaba que eso era el amor: quedarse contemplándola a sus enormes ojos marrones, que le brillaban y verse que se asomaba él a su iris, y se transfiguraba en ese recuerdo, mientras los buseteros le alcanzaban algunas monedas porque ya estaba en los puros huesos.
De elegante y limpio, se volvió harapiento y maloliente. No volvió a bañarse ni buscaba comer. Los vecinos dijeron que de verdad quería morirse de amor.
Pero los tiempos son muy difíciles y duros, donde particularmente ya nadie se muere de amor ni las mujeres ya no creen en los abrazos y los besos de amor. Buscaban ávidas sólo ser reconocidas. Eso pensaba Arcadio mientras seguía oliendo el pegante que lo trastornaba.
Entonces pensó que si abrazaba así, sin  más ni más a las mujeres ellas iban a corresponderle. Pero simplemente  no se dejaban abrazar porque no sentían nada. Un abrazo es un vínculo de amistad y de amor, pensaba.
Y recordaba a  Malena, así se llamaba su amada, la que le dijo sin rodeos ni aspavientos: tengo otro amor y ya tus besos y abrazos no me gustan más, no los quiero más.  Mi  nuevo amor  si sabe abrazarme y besarme mejor que tú.
Arcadio al oírla sintió en su corazón un vuelco angustioso poniéndose a palpitar más y pensó que trataba de molestarlo, de hacerle una broma que sentía muy pesada. Pero cuando Malena, no se dejó abrazar más al encontrase de nuevo en la cita en el parque, pues él necesitaba de sus besos y de sus abrazos como el aire para respirar y se sentía plácido cuando la abrazaba y palpaba su cuerpo óseo y esbelto junto con su pecho tierno y sabía que igual le sobrevenía un estremecimiento interior y la deseaba. Pero calmaba su vigor de joven en prolongadas autosatisfacciones, con la hermosa imagen de Malena, en su mente y se  reía.
Y así siguió a caminar por las calles a buscarse mujeres que se dejaran abrazar y besar porque el amor así es, pensaba mientras el recuerdo de Malena se volvió atormentador y angustioso, porque era otro que no conocía ni sabría conocerlo nunca, que la tomaba de su mano fina, que la besaba con delicadeza. Recordaba, que ese ademán,  lo aprendió en una película que ya había olvidado su título.
 Y se reía a carcajadas con la bolsita de pegante que aspiraba cada vez con más ansiedad, con cruda ansiedad de sentir como morirse de amor.
En su mente se cruzaba el recuerdo intenso de su deseo de abrazarla a su Malena traidora, y sucumbió. Empezó a  toser y a toser. Una tos incesante y enferma. Una tos estremecedora  y cargada de convulsiones que confundió con el mismo dolor de amor y murió ahogándose intoxicado mientras comprobaba que el recuerdo del amor de Malena era el peor de los venenos.

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