29/11/07

NADIE QUIERE TRABAJAR UN DOMINGO


cuento

A la bella Esperanza

Tenía que trabajar de algún modo porque me obligaba por los niños y mantenerme; y así evitarme el eterno sermón de mi papá que es pensionado. Sabía que le tocaba ayudarme pero haciendo mala cara y eso me fastidia en mi familia como en las mejores familias y es el egoismo tan miserable que lo que hace es atraer más miseria. Además a mi papa le dá por ponerse a jugar a la guerra con los niños: los hace marchar,hacer filas arr, a discreción, y les enseña táctica y estrategia de combate en el patio de la casa y eso para mi se vuelve una riña. Y no me gusta ni los uniformes ni las armas, pero crecí con eso y como soy hija única mi papá se quedó con esa frustración toda su vida de que no le haya nacido varón y así entregarme toda su experiencia de militar. De malas para él, de buenas para mí porque sino estaría echando plomo en el monte.
Por eso buscaba afanada cualquier empleo y no me afligía porque me pedían su hoja de vida. La llevaba me decían nosotros la llamamos y espere y sigo esperando...
Pero no me arrugaba y yo misma me daba ánimos:ten esperanza Esperanza, dicen que la esperanza es como la propia vida, haciéndole honor al destino de mi nombre. Y madrugue a ver los clasificados. Después corra para allá a dejar las tales hojas de vida y eso cada una con foto, qué rentica. Tengo el trabajo de conseguirme un camello, que es un camello: el diseño de un caballo por un comite! Lo leí por ahí en una revista.
Cuando llegaba encontraba colas de gente: hombres y mujeres. Qué desempleo tan bravo, pensaba. Pero dónde no lleve la hoja de vida.De secretaria porque sé escribir a máquina pero no pasaba la prueba frente al computador. Así qué: marcando calavera. También busqué de dependiente de una drogueria porque mi finado marido tuvo en vida uno de esos negocios, pero lamentándolo mucho lo mataron al asaltarlo por quitarle el producido de el día. Como le gustaba apostar, lo poco que quedó toco pagarselo a los acreedores. Todavia tengo que pagarle deudas de esa época.
Como no me le arrugo a aprender me salió de decoradora de cerámicas, pero ahí no me descubrí lo artista. Eso lo tengo para rebuscarme. Sé peluqueria pero los gels, las acetonas y los champuses contienen un químico que me dá una rinitis aguda. Ni modos dijo un mexicano.
Como no me faltan mis atributos muy femeninos como puede ver. De esas tantísimas partes donde dejé la hoja de vida,me llamaron para atender eventos, pero esa empresa quebró porque poco y nada nos contrataban.Después un amigo busetero me llamó para que le sirviera de ayudante, pero lo aplastó un trasmilenio y no tanto porque lo haya atropellado, sino por la reubicación de rutas le tocó chatarrizarlo; pero de lo malo, lo mejor. Ahora él está de conductor de un articulado.
Y él me echaba los perros como se dice, pero como no estoy buscando marido, se lo dije, ni padre postizo a mis hijos porque saben que su papá se fue al cielo, y lo de la autoridad se los dá el abuelo porque de paso salieron igualito a él. Ni se molestó en llamarme para recomendarme con un trabajo allí, resulto calceto y más falso que una moneda de cuero.
Y los niños no dan espera para nada: que los útiles, que la lonchera, que las pensiones, que los transportes y yo otra vez de vaga, no. No me gusta ser una mantenida. Ese ejemplo recibí de mi madrecita, que Dios la tenga en su santa gloria.
Por eso El no se olvida de sus criaturas. Un buen día me llamó un amigo lo más de chévere, es gay. Lo conocí de alguna parte donde hice cola dejando la tal hoja de vida. Le tengo trabajo, me dijo. Es para un turno de la cuatro de la tarde a la una de la mañana, porque nadie quiere trabajar un domingo.Y se rebusca con las horas extras. En ese momento no le entendí. Es de cajera.
Aquí no soy compinchera con ellas y eso trae desventajas. Me quieren comer con esa mirada que me hacen cuando les recibo la plata del cobro por el uso de la cabina, les doy una ficha del turno, les entrego el papel higiénico con los condones, anoto el número de la pieza, registrándoles el video que antes escogió el cliente, y si te ví no te conosco.
Al principio ver el espectáculo de las que hacen estriptis y verles la celulitis. Otras con las cicatrices de la cesarea, me repugnaba como el desfile de otras tantas mujeres que llegan: anóteme para siquiera ganarme lo del turno.Qué nombre:Patricia, ya hay una. Entonces Tania. Ese no está anotado. Es un trasiego permanente con los hombres que llegan con un afán. Urgidos a que los expriman doblemente, lo que me hace reir a solas con una risa rara al ponerme a imaginarlos allá adentro todos rijosos y pagan y los despachan rápidito.
A veces uno que otro se me pega en la barra. Se pasa de tragos, se quiere propasar conmigo y se ponen bien cansones. Llamo al guaimaron del portero para que pague y lo saque. Otras veces me toca lidiarlos sola y con amabilidad decirles que no soy una de las del oficio, que si quiere esperar a que llegue alguna; pero que es usted la que me gusta mamacita. Por eso me siento un tanto incomoda. Me siento implicada en el oficio, porque esto no es más que un burdel. Pero cómo le digo a mi papá que lo hago por los niños. No sé.

COMO AL VACÍO ABRIRLE UN ABISMO


Cuento

Abro un ojo despertándome y veo la calle desolada que está sin los carros que la atestan los demás días y lo mejor sin esas multitudes.Me desesperezo antes que llegue el celador a levantarme a bolillo.Sacudo la manta.Y empiezo a caminar embalado como si alguien me esperara con la comida servida en alguna parte de la ciudad.Siento un gorgoteo intenso en mis tripas vacías.La soledad me gusta pero no sentirme solo que es bien distinto porque siento como al vacío abrirle un abismo que me traga porque el peso de los recuerdos de la vida pasada me jode y me aturde con su podrida nostalgia si es como hoy un domingo. Tuve familia, mujer, niños, carros fuelinjection,chofer amable y servil mientras le pagaba, televisor pantalla gigante con control remoto, nintendo, computador, portafolios, proyectos de inversión, cartera por cobrar, negocios, casa, horno microondas, plancha al vapor, camisas planchadas y limpias con un suave olor a rosas de enjuague, baño,afeites, perfumes, papel tualé,lavadora, sábanas de satín, cobijas y almohadas de plumas con suaves fundas, cobertor, colcha,cojines licuadora ocho velocidades, quiero un jugo de fresa, batidora, ponqué, mejor torta de chocolate con nueces, olla express, delicioso unos fríjoles, vajilla correlle doce puestos, servimos la comida señor,cubiertos repujados con las iniciales de los apellidos de mis exsuegros con resabios de creerse de las mejores familias que vinieron a este país de sólo indios, mi exsuegra, cocina integral,ollas renawere, teflón antiadherente,nevera nofrost,yogures probioticos,qué es eso,quesos, kumis, carnes, pollo deshuesado sin piel, embutidos, pescados congelados precocidos, verduras, brócoli, heineken, aguila, corona,colombiana la nuestra,mugs con la leyenda iloveme, tinto recién colado con ese aroma único del mejor café del mundo, vasos de cristal bohemia, sala, sofá,reunión, cóctel, guisqui con cubitos de hielo tintineantes para conversar de negocios, muebles,cama donde echarte un polvo le dije la primera vez a mi exmujer, colchón ortopédico para dormir como en brazos de morfeo, cortinas, lujo, boato, pagar cuentas, cobrar facturas, mensajero fue mi primer trabajo en la empresa, acción del club, mesero fue mi padre en el club donde yo sería un gran accionista, las vueltas de la vida, se sacrificó toda su vida para que yo pudiera estudiar y ser alguien, se pasó toda su vida en ese circulo idiota del consumo ahora pago después que dá una sensación de felicidad con la tarjeta de crédito, dinero plástico, desechable me dice la gente, deudas, evasión, impuestos, porcentajes, corrupción, tengo un hermano funcionario.Y estaba en la época más brillante como vendedor. Rodeado de un circulo de amigos por nombrarlos de algún modo. No fueron tanto como yo creí porque al enterarse de mi determinante decisión se convirtieron en mis más enconados enemigos.Demandaron. Jueces. Tribunales.Abogados.Pleito.Litigio.Sentencia. Lo perdí todo, o casi: el resto se lo quedó mi exmujer dizque por los niños.Eres muy ambiciosa.le dije.De que voy a vivir, respondió.Aprendes y después trabajas. Cuando ese domingo le abrí un abismo, ya lo dije, que esperaba una llamada, un nuevo negocio para no saltar de la cama, estirarme como los gatos según me enseño el instructor marica del gimnasio, el baño de rigor, afeitarme está barba bíblica que ahora tengo, y llegar donde los suegros cacrecos al sagrado almuerzo dominical.Un rito. Las cuentas, la cuota del nuevo carro, la acción del club, las pensiones, no dejan descanzar, le dije. Se quedó pensativa.Tienes razón, amor, me adelanto con los niños en la explorer, nos caes, recuerda es ajiaco que tanto te gusta.Si, listo.Volví a meterme a la cama.Sentí como una liberación. Qué regocijo. La servidumbre de salida.El chofer no viene, hoy es su descanso.Sonó el teléfono y yo pensativo lo dejé que repicara y repicara y repicara.Nunca respondí.No había celulares.Jámas volví a tocar un aparato de esos y creo que cuando suenan nunca traen buenas noticias.Al anochecer con los niños llegó mi exmujer preocupadísima, qué me había pasado.Nada.Y me vio que estaba todavía vestido con la pijama y en bata. Ahí se inició troya. Dijo que soy un desconsiderado, un pobre diablo.Te volviste loco de repente.De pronto tanta presión, son los nervios, estás estresado, necesitas unas verdaderas vacaciones.Cambiaba a un tono de acentuado resentimiento decía que sin el empuje de ella, sería el mismo mediocre don nadie sin salir de la casa de tus padres en ese barrio de pobres miserables.No te metas con ellos que ya están muertos. Mejor por ellos.Qué jámas pero nunca se le hubiera ocurrido ni por chiste casarse conmigo, pero qué partidos desprecié por tí , te consta porque vas a ser un pobre pordiosero.No se equivocó ni me molesto que lo dijera.Soy sincera, me hacías botar la baba del amor, tan pendeja, pero esta proeza es pura estupidez, descubriste el agua tibia y la inmortalidad del caracol.Si me pusiste de cabeza.Te inventaste esta absurda patraña simplemente porque tienes otra por ahí.No me amas ni nunca lo sentiste de verdad por mi ni siquiera por los niños.Eres el ser más despreciable y egoista de los hombres sobre la tierra.LLoraba.Después eran sollozos revueltos con esas risitas nerviosas de la más viva angustia ante el amor que se perdía y en ella se volvían insultos muy agresivos.No era para menos, porque yo seguí pétreo y firme en mi desición de abandonarlo todo como un moderno y anónimo sanfranciscodeasis. Pero a nadie le estaba regalando mis cosas.Después todas me las quitaron.Qué me hubiera muerto, ó, asesinado, ó secuestrado por ahí era mejor.Recojí mi maleta, eso si muy ligera de equipaje.Y salí como estaba vestido: con bata empiyamado y en pantuflas. Empecé a caminar y caminar y no me despedí de los niños.No quise grabarles escenas para una futura telenovela.Fue mejor.Cargué la maleta cuadras como días pasaron. En alguna parte la dejé olvidándola.Me divertí muchísimo porque los taxis se apeaban inmediatamente sin pedirselo, y al no subirme, se iban insultándome hijueputa loco! me gritaban.Y esta fue la palabra que escribieron y dijeron de mí: la exsuegra usó demente.Un orático dijo mi exsuegro.Estás de siquiatra, ratificó mi exmujer.Pero ni se te ocurra volver a pisar esta casa. A los niños les quitaron mi apellido para borrarles todo estigma social que yo les había grabado a sus inocentes vidas.Perdí la patria potestad.Tienen un nuevo padre.Es otro ejecutivo de la empresa donde empezó a trabajar mi exmujer cuando ese domingo rompí en mi alma algo que ya estaba rasgado y que ya no puedo repararlo. Y aún en mi cabeza ronda esa otra palabra tan desgastada por políticos, gobiernos, dictaduras, activistas.Decidí vivirla con toda su carga de compromiso y se llama libertad. Y así convertí mi vida en esta miseria viva. Empiezo a pedir quién me regale para comprarme para un pan. No me quejo.

Desasosiego

cuento

“No quiero huir de ti, sino de mí” le dijo ella.
Esa situación en la playa le empezaba a aburrir, a fastidiar. Sabía que ya nada iba a ser como antes. Tengo que sucumbir, pensó. Tampoco el desconocido que la acompañaba le significaba nada en ese momento.
“Y qué haces”

“Vendo afiches, recuerda” dijo él.
Ella no recordaba; o no quería recordar. Le asomaban a su mente destellos de recuerdos como el sonido persistente del timbre. Se tambaleaba borracha agarrándose con la mano en el pomo de la puerta abriendo y cayéndose frente a la cara sorprendida de un vendedor ambulante que le ofrecía afiches. Despertó con escalofríos protegida con una cobija, mientras ese mismo extraño la saludaba, sonriéndole. Se quedó velando su sueño profundo. Miró su reloj de dígitos luminosos, son las tres pasadas, no he comido nada. Vio en la nevera una cerveza y la destapó. Se preparó un sanduche y recorrió el apartamento. En las paredes cuadros originales de pintores famosos. Los admiró con devoción. Apreciaba el arte de verdad y no esas burdas reproducciones con las que sobrevivía.La cerveza le dio ganas de orinar. En el baño encontró sobre un espejo un polvo blanco, y una cuchilla de afeitar partida en dos. Estaba apartada. La idea de que aquella mujer, seguramente dueña de esos cuadros, se quería cortar las venas, lo perturbó. Volvió a contemplarla en el sofá de la sala con un sueño profundo.
Caminaban sobre la arena ardiente de la playa. Las olas les refrescaban los pies como un bálsamo. La brisa escasamente soplaba y era tan caliente que el aire reverberaba en el atardecer. Sudaban.Ella lo miró altiva queriendo demostrarle así su superioridad.El iba detrás en silencio, pensando que acompañaba a una loca, y se creyó también otro chiflado porque le siguió la corriente cuando le propuso ir al mar que tanto anhelaba conocer.
Ella se daba cuenta que su vida estaba vacía, sin sentido. Sabía que de ésta ya no quería salir, deseaba hundirse más, sucumbir definitivamente. Al verla adentrándose más y más la arrastró hasta la orilla y la dejó allí muy asustado. Recordó aquella poetisa que se adentró en el mar, desapareciendo.Estalló en un llanto que se confundía con el agua de las olas que le golpeaba el rostro.Lo insultaba jadeando derrumbada apenas vestida con ese camisón que se le pegaba a la piel, delatando que estaba completamente desnuda. El sintió una erección al verle el espléndido cuerpo húmedo.
“La vida es dolor y sufrimiento, pero todo es pasajero.”
Ella al oír esas palabras del desconocido, sintió un alivio placentero. Había encontrado a alguien que por fin le importaba su vida.El seguía ahí agitado viéndola sollozar.
Le extendió una mano. Ella le alcanzó las suyas. A ella se le iba disipando ese desasosiego acendrado en su alma que le parecía que ascendía y descendía como las olas del mar.
Después caminaron una detrás del otro, viendo juntos que el sol se opacaba en el horizonte.


22/11/07

¡Qué gran amigo de este domingo!

cuento

La cita era en el parque El salitre. Cuando lo vi sentí, no sé, un presentimiento raro. Era mechudo y larguirucho que a mi hermana le gustaba por su parecido a Jim Morrison que entonces sonaba tanto en las emisoras porque se había ido al otro toldo después de meterse una tenaz sobredosis, dejándonos sus canciones. Me sonrió estupidamente. Pero al rato se esfumó de nosotros. Lo buscamos entre la gente: entre las parejas de enamorados abrazados, entre padres y madres con sus niños que sostenían globos de colores mientras comían algodones de azúcar mientras otros dejaban caer sus helados. Lo encontramos todo extasiado tumbado sobre el pasto con los brazos cruzados tras la nuca, entrecerrando los ojos del sol inclemente del atardecer. Pero un carabinero montado en su caballo se nos adelantaba obligándolo a levantarse. Trastrabillaba. Mi hermana se puso roja de la vergüenza conmigo y yo emputado. Le preguntó al carabinero, por qué se lo lleva, qué hizo de malo. El carabinero nos dio una mirada sombría de indio puro mientras iba montado sobre el caballo blanco. Y cuando avanzábamos detrás la gente entre cuchicheos nos miraba sorprendida como a unos aborrecibles delincuentes. Al apearse del caballo nos dijo: ustedes son el resto de la bandola. Mi hermana contestó muy airada, cuál bandola, es un amigo. Este ni se enteraba que era con él porque pasivamente se dejó empujar adentro del cuartelillo, donde otro policía gordo y trigueño lo recibió encerrándolo tras las rejas. De la boca le botaba una babasa blancuzca y pensé ese está empepado, me cabreó más la situación. Lo hicieron desvestirse enterito. Pero por qué le hacen eso, protestaba mi hermana casi a gritos.¡Ah! muy salsita, venga usted también! A empellones la puso tras las rejas. ¿Por qué se mete así con mi hermana tombo granhijueputa! Metase conmigo! Usted también muy alzadito me dijo el otro carabinero gordo que inmediatamente retiraba su brazo extendido con el bolillo sobre la espalda de mi hermana y abrazándome me lanzó tirándome con otro fuerte empellón adentro. El amigo con una mirada de extravío no sabía qué pasaba y seguía todo ido. Los carabineros se pusieron a esculcarle los bolsillos del pantalón, los pliegues de la camisa buscando la droga. Y el aindiado que era bajito y bien agresivo le ordenó: bájate los calzoncillos. Él seguía todo ido no le hacía caso al carabinero. Este con el bolillo le hurgó por detrás. Pensé que le había metido el palo en el culo porque ahí mismo reaccionó como electrizado y se los saco inmediatamente. Mi hermana en silencio volvió la mirada triste y la agacho frente a mi avergonzada, evitando ver la desnudez del amigo. Se me pasó pensar si ya no se lo habrán comido. Mientras el carabinero con el bolillo inspeccionaba con cara de asco el calzoncillo tirado sobre la baldosa del piso sucio. Sintiendo esa humillación mi hermana se abrió la blusa de golpe frente a la cara de los carabineros y todos los botones tintinearon sobre el piso. Surgieron rosados y empinados sus senos cuando les gritaba, soy otra traficante! Escúlquenme también malditos! Los carabineros pusieron una cara de sorpresa avorazada. Sólo atinaban a decirle, tapese! Tapese! Mi hermana se dio cuenta que no quedó un solo botón en la prenda y se anudó a la cintura la blusa y quedaba toda sexy. Todos nos calmamos. A ver sus papeles, nos pidió después el otro policía gordo. El amigo se bamboleaba metiéndose entre sus pantalones dijo: qué va envolver hermano y estalló solo en risas. Los policías querían reírse pero se mordían los labios para que no les brotara ni siquiera una sonrisa. De pronto el aindiado fue y le dio un bolillazo sobre las desnudas costillas. Mi hermana corrió y le saltó como una fiera a la espalda del policía. El otro policía gordo viéndose perdido sacó inmediatamente el revólver y disparo de una. Los dos cayeron entre los insultos de mi hermana y gritos del policía. Quien se levantaba herido, agarrándose el hombro izquierdo era el policía aindiado. Confieso que entre la rabia sentí un fresco de satisfacción. El policía se acercaba al otro herido que apretaba el hombro sangrante, le dijo con toda una carga de dolor y amargura, qué gran amigo de este domingo! Observando al sacar la manga y descubriendo que solo fue un roce de la bala. Los dos policías se miraban más asustados. Bien tarde la noche nos soltaron. Llegamos en silencio a la casa. Al abrir la puerta me acordé cuando mi hermana le señaló al amigo, mientras el policía nos dijo, dejémoslo que le pase la traba, y repitió las palabras del otro policía aindiado:¡ qué gran amigo de este domingo!

17/11/07

EL SUEÑO DEL PERRO



EL SUEÑO DEL PERRO

cuento

Todavía sonaba estruendosamente en la buseta una canción de moda que dice: a- mí- tú- cara- me- fascina- a- mí- tú- cara- Me- da- vida- será- tú-sonrisa, será- tú- sonrisa- cuando iba absorto viendo el rostro de la bella desconocida, sentada en la ventanilla a mi lado, deseando abordarla y decirle: hoy es viernes. Bajémonos. Tengo veinte mil pesos, quiero qué conversemos. Mire por aquí en La Candelaria hay muchas tabernitas chéveres donde tomaremos unas cervezas. Deseo conocerla. Usted es linda, con esa mirada limpia y ese candor que emana y esos grandes ojos cafés. Y quiero saber qué nombre tiene y guardarlo en mi corazón junto con su teléfono para después llamarla y ver cuándo para vernos y la invito a una película, porque cómo gustarme el cine. La cartelera actual ya me la vi toda. Pero seguía absorto y ajeno a lo que estaba pasando, pensando con mis ojos puestos en el inmenso mar titilante de luces que desde la cuarta ve uno allá, espectácularmente, extendido como un gigantesco tapete luminoso cuando la buseta avanza por Nueva Santa Fe y sigue hacia las Cruces, y la mirada de ella era como sumergida en otro panorama más interesante, mientras detallaba que tenia un fino bozo femenino, de vellos rubios, y esos labios brotados para besarla Dios mío. Realmente era muy bonita la muchacha: blanca, con ese cabello largo, lacio, negrísimo, sin horquillas. Mientras seguía oyéndose estruendosamente la canción a mí tú cara me fascina, a mí tú cara me da vida, y ella fue quién los vio de primeras cuando se detuvo la buseta y ellos se subieron, ordenando más adelante detenerse al chofer. De pronto el sonido de la canción se interrumpió, pero sigo fijo con la mirada en ella que nunca la conturbe, y no reaccionaba y seguí observándola en su rostro: su piel sana, muy cuidada, imaginándomela embadurnada la cara de cremaesedepons, andando con un camisón azul transparente, con sus senos erguidos, firmes, provocativos dispuesta a irse a dormir sola, porque seguramente es soltera y a la orden como suelen responderme ciertas mujeres solas cuando logro romper mi congénita timidez y cruzo algunas palabras; mientras se detiene y sé sienta y se ve en el espejo, frotándose en la cara la cremaesedepons para verse su cutis lozano, y entonces giro mis ojos para ver qué es que ella ve con tanto pavor ahora, que se vacío en todo el ámbito un silencio tenso parecido a la eternidad, porque el rostro de la muchacha se descompuso completamente, y coloca rápidamente sus manos sobre mis piernas y se baja abruptamente de su asiento, escondiéndose y observo ahora adelante: que son dos los malandros y están atracando al chofer de la buseta: el que iba parado sobre el estribo de la entrada de la buseta, se le notan los labios resecos, los ojitos con el iris rojizo de rata, pensé, tendría unos veintidós años, con el pelo negro azabache de los indios, nos decía más asustado que todos, pero determinante: ¡Nada les va a pasar si no se meten!,que nos repetía y repetía, como una grabación y la voz a veces le salía afónica atravesada por un miedo infinito de matar como pasó después, porque no cambiaba para nada la amenaza sin vergüenza, descarada y grandilocuente, blandiéndonos el revólver pavonado magnum trescientos cincuenta y siete, que nos lo mostraba desde una bolsa azul plástica de supermercado cafam; al tiempo que el otro, su compinche: estaba vestido con unos bluyines sucios, una chaqueta azul, y colocado una gorra de esas de pelotero que le tapaba bien la cara y usan los muchachos y; mientras el chofer expectante se queda parado entre el asiento, después de haber apagado la música y detenido la buseta, y los pasajeros nos mirábamos en vilo como viendo una de las películas que veo y que se estaba desarrollando ahí ante nuestros impávidos ojos de espectadores reales e impotentes cómo el cómplice de la gorra, se acercaba más y se acercaba más, cruzando la registradora hasta llegar al estuche de madera, donde el chofer tenia ahora fija su mirada y había depositado un rato largo antes junto al resto de billetes y monedas mis dosmilpesos con que le pagué el pasaje y le pedí por favor déme las vueltas en monedas de cien pesos para llamar, y el chofer me dio una de esas miradas rápidas y mecánicas y se me hizo muy amable al devolverme las catorce monedas de cien, mientras observaba dónde me siento, porque el viaje a Altamira va ser bien largo y es conveniente irse bien acompañado. Pero el desasosiego me rondaba antes de subirme a la buseta. Cuando fui donde Jainer, el profesor, y él estaba con otros amigos, preparándose para la rumba, porque dijo, gracias a Dios hoy es viernes y fui para que me diera los veinte mil pesos. Y desde cuando salí a esperar la buseta sobre el Colombo americano, bajando por la diecinueve, sentía una desazón mordiente que me laceraba el alma y no sabía por qué me daban unas inmensas ganas de llorar, y es como en el sueño del perro que de pronto da ladridos y aúlla, y no se sabe por qué, y es la premonición sobrenatural de las desgracias mortales, y a las que no hago caso y confundo entonces con la tristeza de vivir solo en esta ciudad gigantesca y fatigada con sus multitudes llenas de soledades, con sus calles particulares atestadas de tanta gente anónima, cuando el silencio que se hacía eterno fue roto y oímos el estruendo seco del disparo que salió del revólver pavonado magnum trescientoscincuenta y siete, cuando el chofer quedó erguido unos segundos eternos, soltando después trastrabillante de su mano el machete que no alcanzó a usarlo, mientras la bala le perforó la frente, y en un chisguete brotaba incontenible la sangre mortal y se desgonzó sobre el asiento, al tiempo que la bella mujer desconocida, gritaba frenéticamente: ¡Lo mató! ¡Lo mató! e inmediatamente estalló en llanto y me abrazaba cruzada por el pánico de la muerte de haber visto al malandro asesino que ahora saltaba junto al compinche de la gorra y se perdían abajo por una esquina oscura de la calle, cuando todos los pasajeros se levantaron al tiempo que ahora saltaban frenéticos sobre la registradora, lanzando una mirada final cargada de asco al cadáver del conductor asesinado. Mientras yo seguía abrazando a la bella desconocida que estaba llorando y temblando conmigo hasta cuando bajamos juntos y ya en tierra, se zafó de mí la bella desconocida, y se fue corriendo, perdiéndose entre los pasajeros que maldecían la inseguridad de la ciudad, cuando quise seguirla, mientras le gritaba con torpeza: por qué se va, dígame por qué se va!


13/11/07

BORGEANA DE ( DES) AMOR

Día tras día leía poemas

Iniciados con A de la palabra amor.

Nunca vio más en los

Anuncios donde señalaban las demás letras de su sonoro nombre.

Nombre con resonancias mitológicas

Ordenador de la caza, recordó los célebres versos: la caza de amor es de altanería.

Tal vez por el amor verdadero

Estaba palpitante/mente con la perseguidora jauría buscando amor

Corazón desangrado, herido con Una lanza de su amor

Lastimado ya, siente la fatiga del guerrero tras la batalla y derrotado regresa a supródiga soledad de compañía

Como ha sido siempre la vida.

Porque su cacería es un desamor de sólo pena y Olvido.

UN TIEMPO FELIZ EN LOS CINES DESAPARECIDOS

Crónica

Cuando uno tiene quince años, está con muchas preguntas. En mi listado lo esencial era hallar la felicidad. Y creía seriamente- lo confieso- que ella llegaba como le sale a uno la barba o adquiere la mayoría de edad. Pero, no me daba cuenta, entonces que algo parecido a la felicidad estaba ya adherida al entretenimiento más hermoso del siglo y paradójicamente más solitario: el cine. Esa felicidad estaba pegada a los carteles delas películas y en las fotos de las estrellas en las marquesinas de las salas de los teatros hoy desaparecidos cuando observaba y esperaba en la fila para entrar.Y claro, la cinta escogida no podía ser otra que de charros mexicanos. Quien diga que su gusto personal porel cine no tuvo raíces en el cine mexicano y en "los tarros" de los barrios, que tire la primera piedra. En élaprendimos las primeras lecciones de estética visual. Los más interesados, nos ocupamos, de un modoautodidacta, que quien hacía la película era un señor que casi nunca se veía en la pantalla y al que se le decíadirector. Mi gusto y la moda de la época, estaban en los gestos y tics de los pistoleros en los westerns. Por verlas, recorrí los teatros de barrio de Bogotá y conocí, de paso, con algo de susto, esta urbe que crecía con desmesura, y que parece no acabar de crecer como cualquier adolescente. Entonces, en aquellos años, yo era mandadero en la residencia de la señora Rosalba Castro de Herrera que alquilaba cuartos a gentes de provincia y estudiantes, pero esto es otra historia.Por tanto: la felicidad estaba ahí frente a mis narices con mi asistencia semanal. Años después, sería casi diaria a los cines continuos de los desaparecidos Apolo, Ponce, Caldas y Copelia. Conocía al dedillo los cambios en la programación de todos los cinemas bogotanos. Por ejemplo: El Embajador era un cine deestreno ( hoy lo es aún y de los únicos sobrevivientes), como igual lo eran las salas: Opera-La Castellana, o Scala-Tisquesusa, o Metro Riviera-Teusaquillo-Metro, o Cid- Aladino-Trevi- Arlequín, o Colombia-Almirante-Sabana; Y Olympia-Libertador-Chicó. Después, de cubrir estos circuitos, en función de cobijar el norte, Chapinero y centro, la película programada pasaba al consabido reestreno y en simultánea a salas máspopulares como San Jorge-Presidente; Eldorado-Maria Luisa- Sexta Avenida, o Faenza-Imperio y de allí continuaba su circulación hacia las salas de los barrios como San Carlos – Mogador-Miramar y se le añadía otra película de menor notoriedad y generalmente de regular calidad, motivando así al espectador a ir averla. Esta modalidad era el cine continuo en dobles. Y, si los chinos queríamos ir al cine de estreno, teníamos que pasar por los permisos, y a la categoría de lapelícula. Cuántas veces tendría que sobornar al portero de marras para que me dejara entrar a una película para mayores. Existían cuatro categorías para la clasificación: la A; para todos. La B, donde podíamos ir los que ya mostrabamos bozo y ansíabamos la barba, y teníamos nuestros primeros escarceos eróticos con las muchachas. La C, para la creciente franja de los jóvenes. Y la más legendaria: la D, para mayores de 21 años, que era entonces el tope de la mayoría de edad, tan esperada por mí para ver sólo cine de mayores, pues, la primera vez que logré acudir a una de estas películas, quede prendado de ellas, y no fue tanto porque hubiese escenas de cama, con los consabidos jadeos y ejercicios en posición horizontal, sino porque las encontraba mejores de calidad y contenido, y por supuesto más interesantes. A mis hermanos les toco en suerte las famosas de codificación D. Tantos anhelos de crecer y tener esos años, sólo por el gusto de ir a cine demayores. Había familias enteras que llegaban, generalmente los domingos, con toda la patota a ver la película, obviamente de tema familiar o de aventuras, donde no hubiese escenas de alcoba (llamadas así con eufemismo, por no decir eróticas, o de desnudos). Entonces la televisión no era tan generalizada y estaba en blanco y negro y nadie especulaba con el concepto de aldea global.

La vida de estos años estaba cargada de mucho idealismo y fluía lenta en su tiempo. Empezaba a generarse la rebeldía juvenil, que después el propio cine se convertiría en el vehículo más poderoso de su expresión como lo fueron las películas: Busco mi destino de Dennis Hopper, y el fenómeno musical de Woostock.Bogotá tenia entonces 89 salas desperdigadas por sus barrios en el año de 1969 y su mayor concentración se daba en el Centro. Cualquiera que pasea por la Carrera Séptima, que es la calle nacional por excelencia, y casi el tronco de la nacionalidad colombiana, sabe como colombiano y bogotano, debe darse un paseo ritual al que llamamos el Septimazo.

Empieza por el principio-dijo el rey- Luego, sigues; y hacia el final, detente. En la calle cuarta quedaba el Santa Bárbara:hoy es un parqueadero. Se llegaba a la Avenida Jiménez con esquina de la carrera cuarta y se hallaba el Odeón: tuvo la suerte de convertirse en la sede del Teatro Popular de Bogotá, y por esos malos hados que tiene a veces el arte y la cultura, entregó sus terrenos a sus acreedores para pagar sus cuantiosas deudas. Sobreuna de sus paredes lució durante muchos meses un grafito que decía: "Amor mira un sueño menos". Se acercaba uno al parque Santander y en el costado norte de la calle 16 estaba el Lido: fue de reestreno y, durante una época, se dedicó a proyectar las películas de Drácula que hizo célebre al actor Cristhopher Lee, que muchas y largas noches motivaron mis primeras pesadillas. Después fue cine rotativo: se exhibía una sola película continuamente. Cuando cerró definitivamente sus puertas en 1993, se rehabilitó, de locación dela película colombiana La gente de la Universal. Hoy funciona una oficina de una entidad de ahorro. Se avanzaba, hasta la calle 17, arriba de la Séptima quedaba el Apolo, caracterizado cine continuo de dobles de películas mexicanas. Su sala vivió la misma suerte de su homologo el Ponce, situado sobre la calle décima entre carreras doce y trece: dividieron sus enormes espacios para dar cabida a innúmeros localitos comerciales. Eldorado es una palabra fabulosa que se inventaron los conquistadores españoles, ávidos por el oro y su quimérica riqueza. El teatro que lleva este pesado nombre sobrevivió muchos años, también de exhibir dobles mexicanos, y de películas taquilleras. Alguna vez se suscitó un incendio como en otro suceso apareció un hombre muerto por desconocidas causas. Después se convirtió en sala X cambiándole el nombre por uno mas connotado al tipo de cine que empezaba a exhibir: Sexplex Cine Oro.Cerró sus puertas en este año emblemático del 2000. Pero lo han reabierto por la vil necesidad de la sobrevivencia. Siguiendo hacia el norte sobre la misma Séptima, entre las calles 18 y 19, quedaba el Libia, otro cine de reestreno. Después de su cierre definitivo albergó una taberna, un grande almacén de ropa. Hoy funciona un casino como igualmente se convirtió el Metro Centro de cuyas últimas películas que exhibió fue la de un realizador colombiano especializado en el género del suspenso. La misma suerte corrió el Tisquesusa, también convertido en casino, los cuales, a los anónimos jugadores les despierta un suspenso enorme, sinsaber muchos que ahí antes fue una sala de cine, brotando una ironía vital: el suspenso propio de la trama cinematográfica se trasladó a las vivencias que sufren los jugadores anónimos en la vida real, esperando ansiosos la azarosa suerte.En la calle 19 en el edificio Sabana funcionó el cine del mismo nombre. Sus instalaciones sirvieron despuéspara albergar el primer estudio privado de la televisión colombiana: los estudios Gravi, dándole un toque farandulero a su entorno porque descubrir a las estrellas de la pantalla chica como cualquier hijo de vecino: sorprendía a él público transeúnte y creaba tumultos. Frente al parque Las Nieves quedaba el Lux: aun se puede ver su aviso enorme que anunciaba los títulos de las películas, también de reestreno y el más popular de la ciudad. Por su espectacular pantalla se exhibió toda la gama de géneros que encierra el cine mundial. Después los roqueros locales se presentaron, con sus bandas estrafalarias en los tres últimos años de su larguisima existencia, con regular éxito. Con un toque de distinción del más depurado surrealismo postmoderno colombiano: muestra la más grande pantalla al entrar al enorme parqueadero cubierto que hoy es. En 1997, se usó en algunos exteriores de la película colombiana Soplo de vida.

El Mogador fue un cine de reestreno y de dobles continuos y hoy sobrevive presentando dobles de cine porno, al que asisten solitarios. Nadie admira sus mármoles italianos auténticos como de sus voladuras y sus capiteles. La soledad del espectador atravesado por las imágenes lubricas del viejo ejercicio del metesaca, no deja levantar la mirada para observar la magnificencia de la obra arquitectónica que aún guarda. Se puede crear una frase: el bosque de los pubis no deja ver los árboles de su arquitectura. Lo que van a ver los ávidos espectadores son otros árboles, otras voladuras, otros capiteles. Sobre la calle 22 se concentran aún tres salas de cine que en su tiempo fueron especiales: El México con su natural programación de cine mexicano. Acercarse a ver los afiches con los nuevos títulos que ofrecía en una vitrina esquinera del edificio era para enterarse con anticipación como iban entrando en decadencia, los ídolos de mi niñez como los de ya legendaria Nueva Ola: Clavillazo, Tintán, Viruta y Capulina, Resortes, Cantinflas, las gemelas españolas: Pili y Mili, César Costa, Alberto Vázquez, Enrique Guzmán, Silvia Pinal; la larga saga de las películas de El látigo Negro que a duras penas todavía lograban mantener su imagen de leyenda. Esta sala tuvo un mejor destino al adquirirla una universidad y convertir su amplio espacio en el auditorio central, que junto a su salita de ensayo, llamada otrora Cinema Azteca programa en el presente un cineclub diario.El Bogotá, construido en los setenta fue la sala de los censores que clasificaban las películas. Sobrevive de exhibir cine X. Al lado de él se yergue la majestad de una construcción de época: Art deco, donde se exhibieron todas las películas roqueras de la época de los sesenta y setenta. También ha exhibido todo el espectro del cine en sus géneros y, es en la actualidad, el único sobreviviente en la ciudad que se mantiene de programar las películas comerciales en dobles de cine continuo, por la módica suma de $2500. Existe una iniciativa privada de convertirlo en la sede natural de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Durante El Festival Iberoamericano de Teatro, se adapta su espacio para el montaje de obras especiales y funciona.Una sala especial también lo era el teatro Ariel; fue de estreno, de reestreno, cine continuo. Por ultimo, sobrevivió durante largos años de funciones de estripticeras criollas. Cerró para siempre y su edificación esta derruida en un oscuro sector , habitado por las mujeres que tienen el oficio de esperar a sus clientes en la calle, en el barrio Alameda. Un mejor destino tuvo el teatro Colombia, sobre la Séptima entre calles 22 y 23, al comprarlo el Distrito Capital, cuando era distrito especial, en el año de 1972, rebautisándolo Jorge Eliecer Gaitán, en memoria del caudillo bogotano asesinado, que arengó con sus más encendidos discursos improvisados y partidistas en el desaparecido Teatro Municipal que fue incendiado en los disturbios trágicos del famoso Bogotazo en el año de 1948. Ha sido remodelado y posee una de las mejores acústicas y tiene una de las proyecciones más modernas y sofisticadas implementadas en el sistema dolby, y es sede anual de la apertura y clausura del Festival de Cine de Bogotá.

Los exhibidores le extraían todo el jugo taquillero a una cinta. El Metro Teusaquillo tuvo en exhibición exclusiva y durante cerca de un largo año la película: La Novicia Rebelde. Caso parecido fue con la cinta sueco-francesa titulada: La noche más caliente en el teatro Tequendama, que desde entonces ya se caracterizaba por exhibir solo películas de sexo explícito, entonces llamado cine rojo. Otra sala exclusiva lo era el Cine Coliseo, en pleno Centro Internacional, que sólo exhibía la producción francesa de la época, y quienes pudieron ver allí toda la filmografía de los nuevos realizadores franceses como Chabrol, Truffaut, Godard, que le dieron un sacudón mundial al cine con sus renovadoras propuestas enmarcadas en lo que se llamó La Nueva Ola. Hoy lastimosamente esta sala como otros teatros de este inventario de nostalgia con los cines desaparecidos, sobrevive de exhibir pornos italianos como también lo hacen: El Atenas, El Novedades, que al principio de la década de los setenta, exhibió una obra de teatro de solo desnudos, llamada Oh Calcuta, que causó el revuelo y la comidilla del momento porque intervino hasta la jerarquía eclesiástica de la Iglesia prohibiéndola ver y excomulgaría a los fieles, porque sus funciones coincidían con la Semana Santa de la época.Otra sala memorable para mí y de reestreno: el Cine Presidente que quedaba sobre la Carrera Décima entre calles novena y décima, y seguramente llamado así porque a tres contadas cuadras se halla la Casa de Nariño: residencia presidencial. En él ví una película inglesa donde oí hablar por primera vez en mi vida sobre la Colombia de la época: un país exótico con su aura tropical, y por supuesto en la trama de la historia, se trataba de recuperar un botín del cual hacían parte esmeraldas colombianas. Sentía un regocijo infantil al leer en los subtítulos la mágica palabra Colombia y de uno de sus recursos minerales, especie de insignia nacional: las esmeraldas. Hoy, el local del otrora cinema, es un gran esperpento de galpón gigantesco con la variedad más disímil de juegos de tejo, rana y billares para los contertulios del vecindario atiborrado de prenderías cerca de la célebre, triste y sórdida Calle del Cartucho, en el viejo sector de San Victorino.

Un cine que dejó de tener dolientes y que también era espectacular fue el Olympia. Conservaba su aire de grandiosa sala y a través de su vida pública de exhibiciones fue remodelado, refaccionado, reconstruido. Para cerrar definitivamente sus puertas y apagar sus proyectores en un día olvidado por todos. En el presente su local esta cerrado pero funcionó un almacén de productos para oficina, que quebró, y nadie se acuerda que ahí se vivieron los gritos más ensordecedores y divertidos del público al ver la película Tiburón que causo tanto revuelo en su estreno.De los cines que se convirtieron en sedes de iglesias cristianas: Ideal, Opera, Trevi, Metro Riviera. De los que se convirtieron en grandes bodegas: Sexta Avenida, Encanto, Ezio, Santander. Ayacucho. De los que les tocouna mejor suerte y los reconvirtieron para sedes de compañías de teatro: La Comedia, sede del Teatro Libre. El San Carlos, en el teatro La Carrera. Santa Fe, en la sede de otra compañía de teatro. La Castellana en una de las sedes del teatro Nacional como lo mismo el desaparecido Chile convertido en sala y oficinas del mismo teatro Nacional, organizador del Festival Iberoamericano de Teatro. El Arlequín, de un grupo de teatro. El Americano, en la sala de ensayos de la orquesta sinfónica juvenil. Capitol, en un auditorio de una universidad. El Miramar, en la sede comunal para los eventos de los padres teresianos en el barrio Santa Teresita. Palermo, un club de billares. Copelia, acondicionado en un supermercado. Lucia, en un enorme almacén de calzado.De los que definitivamente desaparecieron: Almirante, Cádiz, Cinema El Lago, Bacatá, Scala, Aladino, California, Alameda, Cinema Roma. Caracas, Real, la Pradera, Calypso, Iris, Santa Bárbara, Santa Lucia, Quiroga, Rivoli, Rialto, Ponce y Cataluña.De los sin ningún destino: Cinema Roma, Ariel. De los de reciente desaparición, El Cid.De los viejos supervivientes: Libertador, Astor Plaza, Royal Plaza, Cinelandia, Metropol, Patria y Radio City. De los que se reconvirtieron en salas X, a más de los ya nombrados: Cine Esmeralda, La Carrera. Prado. Sobre el terreno de lo que fue el cine Imperio, Cine Colombia construyó las salas gemelas de los modernos cines Chapinero 1 y 2.Durante los años setenta.

Dentro del programa que desarrolla la Dirección de cinematografía del Ministerio de Cultura, existe un ítem de rescatar salas de cine. Ojalá los dueños del San Jorge, que es una obra arquitectónica, puedan reabrir su teatro y de paso ayudar a rehabilitar el entorno de la calle 15 sobre la carrera quince en el centro bogotano.Deja un sabor de nostalgia saber que en estos cines desaparecidos, se los recuerda con familiaridad, porqueen sus lugares se vivió la emoción de una película que le dejó a uno un momento imborrable en la memoria, que hierve de reminiscencias con ese pasado.La tendencia mundial de hoy, es que la vida social se trasladó a los centros comerciales, que viene a ser el nuevo punto de encuentro de las comunidades urbanas masificadas. Para un ejemplo de esta tendencia nueva y vigente de la vida urbana, lo ilustro que en el pueblecito de Fontibón, al occidente de Bogotá, tuvo tres salasde cine: Bolívar, Milán y Avirama. Este último, apagó sus proyectores el año pasado al ver que los espectadores definitivamente no volvieron al viejo cine de su barrio. Ahora prefieren, desplazarse en un colectivo y acudir al contiguo centro comercial Salitre, en el occidente de la ciudad, para ir al cine en salas más pequeñas, más personalizadas, pero iguales en las intenciones a dejar el paso de las historias que nos llenan de emoción, en ese imaginario colectivo de risas y lagrimas, de penas y alegrías que constituye el mejor entretenimiento que nos legó el siglo pasado. El cine que nos genera aún cierta parte de la felicidad tan anhelada por todos....

12/11/07

NADA

Porque todo va y viene
Porque todo está
y se agita
y es efímero
y pasa
y desaparece
Porque todo es del olvido

11/11/07

Viñeta erótica para devoradoras


Marcelo Del Castillo

Estoy ansioso.Muy ansioso.Tan lleno de ansiedad que me aprieto los dientes hasta sentir tensión. Quiero morderte, le digo a Gina, quiero cogerte.Cuando, me pregunta.Ya.Ahora.Aquí.Y docilmente se baja esas braguitas negras que desde donde está me las lanza.Yo las tomo en el aire y la huelo profundamente cerrando los ojos.Mientras ella mira curiosa mi ritual cotidiano y empieza a acercarse mostrándome su pubis angelical, diciendo con suave lascivia:muerdeme,muerdeme...Me acerco a ella y sigo oliendo su íntima prenda perfumada cruzada de sus olores mas recónditos; y evoco un gran mosaico con pescados-no sé por qué-Y ella se acerca ahora levantando su falda y se voltea y me muestra sus hermosas nalgas rosadas, redondas y firmes y sigue diciendo muerdeme, muerdeme...Me pongo sus bragas cubriéndome la cabeza y quedo como un arabe. Al verme así le brota una carcajada. Entonces llega hasta mi y ve por encima de mi pantalón y la palpa y la siente mi trayectoria presionada.Con sus manos la saca y esta roja rutilante, tensa y se eleva enhíesta como una bandera,mientras dice: hum,hum y empieza a metersela en su boca ávidamente.Yo la dejo que siga y siga y muerdo entre mis dientes su braga negra.
Después que fluyo en su boca tibia siento un gran alivio.
Hoy es domingo, dia de descanzar...

9/11/07

LA TORTUGA Y LA PELOTA

La tortuga va despacio, morosa; dueña de su paciencia avanzando sin preocupaciones; así le ocupe toda una eternidad para llegar. La pelota en cambio: salta y rueda y corre y se desliza rauda, buscando la prisa del juego.

Cuando la pelota golpea a la tortuga se detiene. La tortuga se oculta en su caparazón, evadiendo verla ahí frente, obstruyendo de ver quién juega con la pelota.La pelota está detenida frente a la tortuga que empieza a salir de su caparazón prevenidamente, con lenta cautela y mueve imperceptiblemente la pelota que empieza, otra vez, a rodar con velocidad, mientras la tortuga ahora sigue su marcha con su paciencia infinita, avanzando sin preocupaciones toda una eternidad para llegar.

Irene observa con sus grandes ojos de curiosidad como la tortuga vuelve y se oculta en su caparazón, con absoluta rapidez sin importarle la eternidad de su paciencia.Irene lanza la pelota que rueda, tropieza con la pata de la mesa y se detiene.

Irene deja en paz a la tortuga y va a buscar la pelota.

8/11/07

PRECOCIDAD

Lindo bebé de mamá que desde el vientre supo lo inútil de la vida, que al nacer lloró tanto que terminó ahogado entre las incontenibles lágrimas de su propio llanto.

7/11/07

LA PESADILLA

El horrible hombre arrastrando su pata seca, blandiendo el hacha entre sus peludas manos, empezaba la continua persecusión a la niña por los pasadizos y corredores de la enorme casa.Cuando perdida la esperanza de escapar, la niña, viéndolo acechante correr hacia ella y levantar el hacha, no soportaba más, gritaba, entonces despertaba. Y así las sucesivas noches...Hasta la noche en que la niña no quiso gritar para no despertar más a sus padres quienes acudían entre somnolientos y aburridos a socorrerla de los gritos de pesadilla. Al otro día, en la mañana, su madre al abrir la puerta del cuarto, antes de dar un sonoro grito de desmayo, alcanzó a ver una figura algo humana de un cuerpo tendido en la cama con más de media hacha metida en el pecho aún sangrante. El padre corrió y encontró en un rincón del cuarto a la niña sollozando babeante entre sus mocos.

6/11/07

EL DISPARO

Esa mañana se colocó, como era su costumbre, frente a la imagen que le devolvía siempre el pulido y amplio espejo del armario. Hizo su rutinario ademán de "quieto o disparo", desenfundando el revólver 38 Smith & Wesson, de dotación oficial, pero la duplicada figura, en el fondo del cristal de roca, se movió con más rapidez y le encajó limpiamente, entre ceja y ceja, el disparo que el uniformado siempre quiso hacer.

2/11/07

*A AQUELLOS CUYA ESTANCIA EN ESTE EDIFICIO ES PASAJERA

Creo que nunca voy a salir de este edificio. No recuerdo despertar. Imagino que despierto en un ascensor o en el rellano de una de las escaleras después de mal dormir toda la noche y que en la mañana los primeros abogados me despiertan, los funcionarios que van a los despachos me pisan cuando suben las escaleras o empujan mi cuerpo para abrirse campo en el ascensor, y me despiertan y no siento despertar porque, de otro modo, tal vez lo recordaría. No sé; en realidad no tengo certeza de eso. Creo que nunca he salido de este edificio y que nunca duermo. Si durmiera, si en realidad durmiera, soñaría; y en sueños, pienso que viviría en otros lugares, en el ancho mundo que se extiende mas allá de la puerta y que puedo contemplar a veces desde la ventana del edificio. Pero no; no tengo recuerdos de haberme soñado fuera del edificio, lo que me lleva a pensar dos cosas: Nunca he salido del edificio, lo que me impide, como es apenas obvio, soñarme en un lugar distinto, restringido mi cerebro a las sensaciones que le han aportado mis sentidos encerrados en este edificio de diecinueve pisos. Así, en la vigilia, vivo encerrado en este edificio, y en las noches, cuando duermo, sueño que estoy encerrado en este edificio, lo que hace esta condena interminable e ininterrumpida; Segundo: Pude haber vivido hace mucho tiempo fuera de este edificio, pero hace tanto, que ya no tengo recuerdos del exterior, o mejor, el recuerdo absoluto de mi vida en este edificio se repite una y otra vez sepultando implacablemente los recuerdos que tenia de fuera.

He dicho: creo que nunca voy a salir de este edificio, pero decirlo es reducir mi condena a un aspecto meramente espacial; seria más preciso decir: creo que nunca voy a salir de este día. Si estar encerrado en un espacio restringido es una cosa y estarlo en un lapso es otra. Estaría seguro de estar encerrado en un día y en una noche cuyo sueño es la prolongación de la vigilia, si no tuviera el recuerdo de aquel día. Porque, subo y bajo escaleras, a veces me ayudo del ascensor, hablo con las mismas personas en los mismos despachos de este edificio de la Jiménez con décima, me aprieto en los elevadores con abogados petulantes que conozco hasta el tedio, consulto expedientes que no se mueven (he olvidado decir que la inmovilidad de los expedientes hace que presienta la inmovilidad del tiempo); y en la total ausencia de cambios, los días que se repiten devienen en uno solo que tiene la apariencia de muchos días que se repiten absolutamente iguales. Salvo por el día en el que la vi en la escalera. Siempre he estado atento, considerando mi condena, a no caer en el juego de las alucinaciones. Sé que en la monotonía esta la soledad y que en la soledad forjamos imágenes para evadirnos del dolor de sentirla, y que esas imágenes son compañía y que son mentira. Tengo la sensación de haber leído, pero no puede ser por que no tengo el recuerdo de haber visto jamás un libro en el que se hable de ello, acerca de un pueblo que para salvarse de la soledad de un desierto, imaginó un dios invisible: ¡espectro de espectros! ¿Para qué engañarse? Si el día es el mismo y el espacio es invariable, tan solo basta con repetir la acción. El antídoto para la desesperación de la condena es participar de la condena. Siempre lo he pensado y diría que lo he pensado y lo pensaré por siempre; pero ese día la idea de la repetición de mi existencia se detuvo. No pude haberla imaginado ¿Cómo mi cerebro podría crear una imagen distinta en mi mundo igual?

Estaba al final de una escalera que termina en el segundo piso, llorando. La verdad, no sé si lloraba. Eso pudo haber sido fruto de mi imaginación, ya que en este edificio el único que llora, y muy frecuentemente, soy yo. Y entiendo que es normal que proyectemos en los objetos de la realidad, cosas que solo son nuestras. Concedo que su llanto era ficticio pero no su presencia era real. No tengo la menor duda de ello. Me le quedé mirando. Así estuve por un instante hasta que ella giró la cabeza, y como si hubiera estado conmigo siempre, me dijo: “es horrible”. No supe qué decir, solo se me ocurrió que estaba perdida y me acerqué para orientarla. Nunca había dado indicaciones a nadie, no sé cómo lo aprendí, pero me acerqué a ella, y le señale la escalera que podía tomar para seguir subiendo. Me dijo, gracias, palabra extraña para mí no desconocida, y se alejó para subir por la escalera. No sabía qué hacer. Increíblemente olvidé lo que tenía que hacer. Su imagen le dio un movimiento tal al mundo que a mí, hombre acostumbrado a la quietud, me dio mareo. Por primera vez reflexioné sobre lo que iba a hacer. Siempre reflexiono pero de manera abstracta, etérea; especulo sobre las causas, las razones, las posibles explicaciones para mi condena; pero nunca dudo sobre el menor movimiento que emprendo en el edificio. En ese momento pensé si debía subir o no, cómo debía hacerlo, y a qué piso exactamente. Lo más fácil era seguirla, subiendo tras de ella por las escaleras, pero tuve miedo. Tome el ascensor. Inconcebiblemente, agobiado por la duda de qué hacer el instante que sigue, descanse en la fortuna, y dije al ascensorista: piso diecinueve, por favor. El apretón rutinario era inconcebiblemente distinto para mí
Nunca me he visto en un espejo. En este edificio no hay espejos. He escuchado decir, “me vi en el espejo esta mañana”, “¿no se ha visto en un espejo?”, o “será que no se ha visto en un espejo”. He escuchado todo eso y no he visto el primer espejo en mi vida, no recuerdo haberlo visto, por tanto, no recuerdo haberme visto. Ando por la vida en este encierro sin poder reconocerme, sin verme reflejado en nada. Si existiera un ser exactamente igual a mí, mi doble, y me encontrara con él, frente a frente, no me sorprendería simplemente porque no lo notaría. Es aterrador nunca haberse visto reflejado en un espejo; creo que es la peor parte de mi condena: Ignorar si se es distinto de aquellos con quienes se comparte el ascensor es... No sé. He escuchado que hay espejos en los baños pero no he podido entrar nunca. A este hecho le debo varias cosas, la más importante de ellas, el saber de mí; además, que tengo como profesión la de abogado, el que no soy un funcionario. Los baños son exclusivos para los funcionarios. Ni soy funcionario. Cuando no se puede verse reflejado en algo es bastante útil la exclusión de algo para definirse un poco.

Yo nunca me he preguntado para qué estoy aquí. Esa es una pregunta que debe agobiar a los que están de paso aquí, a quienes veo cruzar la puerta que da a la calle horas antes de que el sol se oculte; A AQUELLOS CUYA ESTANCIA EN ESTE EDIFICIO ES PASAJERA, que así como entran salen. Yo, en cambio, me pregunto por qué estoy aquí. Esa es la gran diferencia entre un condenado y la gente libre o, mejor, entre un condenado y la gente que se cree libre. Porque, para mí, sólo hay una cosa tan clara como mi condena: la condena de los otros. Cuando de este edificio de la Jiménez con décima, él último funcionario sale, yo no siento envidia; miro hacia la calle y me digo, con la lucidez de un profeta que contempla el presente: En otros edificios estarán encerrados.

Me sentí alarmado cuando al verla en la baranda del juzgado, creí verme a mí mismo. No pudo, no puede ser así: Yo no era, yo no soy ella. Apresuré una explicación mientras me acercaba a ella: la imagen que veo es una proyección mía. No puede ser: Si ella puede ser una proyección de mí mismo, ¿Por qué no los abogados que suben en el ascensor, o los sudorosos que lo hacen por las escaleras? ¿Por qué no los jueces, los secretarios, los escribientes? ¿Por qué no el edificio mismo? La realidad, mi condena, no puede ser, una imagen elaborada en mi cabeza,. Me acerqué demasiado y notó mi presencia. Sonrío. Me dije: no puede ser la misma, no puede llorar tan pronto como ríe. Me respondí: tu cabeza puede crear lo que sea. Pienso: Sonrío y punto.

Tuve una conversación con alguien al otro lado de la baranda. Dije algo, escuché una pregunta, respondí, una pregunta otra vez, respondí; me pregunté a mi turno, escuché otra respuesta, que terminó la conversación. No supe qué hacer. Caminé hacia la ventana. La ciudad afuera del edificio. Todos encerrados debe tener pensamientos similares. No es muy amable ¿No te parece?. Era ella. Nunca me había sido tan insoportable la presencia en el edificio. Sentí dificultad para respirar la ciudad se nubló en mis ojos, y creí caer... ¿Por qué tendremos que estar aquí y no afuera?, continuo. Yo inhale un poco de aire y cerré los ojos.


El relato fue hallado en las escaleras de un edificio del centro.