29/11/07

NADIE QUIERE TRABAJAR UN DOMINGO


cuento

A la bella Esperanza

Tenía que trabajar de algún modo porque me obligaba por los niños y mantenerme; y así evitarme el eterno sermón de mi papá que es pensionado. Sabía que le tocaba ayudarme pero haciendo mala cara y eso me fastidia en mi familia como en las mejores familias y es el egoismo tan miserable que lo que hace es atraer más miseria. Además a mi papa le dá por ponerse a jugar a la guerra con los niños: los hace marchar,hacer filas arr, a discreción, y les enseña táctica y estrategia de combate en el patio de la casa y eso para mi se vuelve una riña. Y no me gusta ni los uniformes ni las armas, pero crecí con eso y como soy hija única mi papá se quedó con esa frustración toda su vida de que no le haya nacido varón y así entregarme toda su experiencia de militar. De malas para él, de buenas para mí porque sino estaría echando plomo en el monte.
Por eso buscaba afanada cualquier empleo y no me afligía porque me pedían su hoja de vida. La llevaba me decían nosotros la llamamos y espere y sigo esperando...
Pero no me arrugaba y yo misma me daba ánimos:ten esperanza Esperanza, dicen que la esperanza es como la propia vida, haciéndole honor al destino de mi nombre. Y madrugue a ver los clasificados. Después corra para allá a dejar las tales hojas de vida y eso cada una con foto, qué rentica. Tengo el trabajo de conseguirme un camello, que es un camello: el diseño de un caballo por un comite! Lo leí por ahí en una revista.
Cuando llegaba encontraba colas de gente: hombres y mujeres. Qué desempleo tan bravo, pensaba. Pero dónde no lleve la hoja de vida.De secretaria porque sé escribir a máquina pero no pasaba la prueba frente al computador. Así qué: marcando calavera. También busqué de dependiente de una drogueria porque mi finado marido tuvo en vida uno de esos negocios, pero lamentándolo mucho lo mataron al asaltarlo por quitarle el producido de el día. Como le gustaba apostar, lo poco que quedó toco pagarselo a los acreedores. Todavia tengo que pagarle deudas de esa época.
Como no me le arrugo a aprender me salió de decoradora de cerámicas, pero ahí no me descubrí lo artista. Eso lo tengo para rebuscarme. Sé peluqueria pero los gels, las acetonas y los champuses contienen un químico que me dá una rinitis aguda. Ni modos dijo un mexicano.
Como no me faltan mis atributos muy femeninos como puede ver. De esas tantísimas partes donde dejé la hoja de vida,me llamaron para atender eventos, pero esa empresa quebró porque poco y nada nos contrataban.Después un amigo busetero me llamó para que le sirviera de ayudante, pero lo aplastó un trasmilenio y no tanto porque lo haya atropellado, sino por la reubicación de rutas le tocó chatarrizarlo; pero de lo malo, lo mejor. Ahora él está de conductor de un articulado.
Y él me echaba los perros como se dice, pero como no estoy buscando marido, se lo dije, ni padre postizo a mis hijos porque saben que su papá se fue al cielo, y lo de la autoridad se los dá el abuelo porque de paso salieron igualito a él. Ni se molestó en llamarme para recomendarme con un trabajo allí, resulto calceto y más falso que una moneda de cuero.
Y los niños no dan espera para nada: que los útiles, que la lonchera, que las pensiones, que los transportes y yo otra vez de vaga, no. No me gusta ser una mantenida. Ese ejemplo recibí de mi madrecita, que Dios la tenga en su santa gloria.
Por eso El no se olvida de sus criaturas. Un buen día me llamó un amigo lo más de chévere, es gay. Lo conocí de alguna parte donde hice cola dejando la tal hoja de vida. Le tengo trabajo, me dijo. Es para un turno de la cuatro de la tarde a la una de la mañana, porque nadie quiere trabajar un domingo.Y se rebusca con las horas extras. En ese momento no le entendí. Es de cajera.
Aquí no soy compinchera con ellas y eso trae desventajas. Me quieren comer con esa mirada que me hacen cuando les recibo la plata del cobro por el uso de la cabina, les doy una ficha del turno, les entrego el papel higiénico con los condones, anoto el número de la pieza, registrándoles el video que antes escogió el cliente, y si te ví no te conosco.
Al principio ver el espectáculo de las que hacen estriptis y verles la celulitis. Otras con las cicatrices de la cesarea, me repugnaba como el desfile de otras tantas mujeres que llegan: anóteme para siquiera ganarme lo del turno.Qué nombre:Patricia, ya hay una. Entonces Tania. Ese no está anotado. Es un trasiego permanente con los hombres que llegan con un afán. Urgidos a que los expriman doblemente, lo que me hace reir a solas con una risa rara al ponerme a imaginarlos allá adentro todos rijosos y pagan y los despachan rápidito.
A veces uno que otro se me pega en la barra. Se pasa de tragos, se quiere propasar conmigo y se ponen bien cansones. Llamo al guaimaron del portero para que pague y lo saque. Otras veces me toca lidiarlos sola y con amabilidad decirles que no soy una de las del oficio, que si quiere esperar a que llegue alguna; pero que es usted la que me gusta mamacita. Por eso me siento un tanto incomoda. Me siento implicada en el oficio, porque esto no es más que un burdel. Pero cómo le digo a mi papá que lo hago por los niños. No sé.

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